Cuando el cuerpo dice “no comas”: Dr. Norman explica por qué al enfermarse se pierde el apetito
En muchas ocasiones, cuando una persona se enferma, una de las primeras cosas que ocurre es que pierde el apetito. Aunque para muchos esto puede parecer simplemente un síntoma más, en el programa Actívate al Mediodía, el Dr. Norman González explicó que este fenómeno podría responder a un mecanismo biológico de protección del propio organismo.
Durante la conversación junto a Joe Vargas, se planteó que la reducción del apetito cuando hay enfermedad no necesariamente es algo accidental, sino una respuesta adaptativa del cuerpo. Según se explicó en el programa, cuando el organismo detecta infección, inflamación o una alteración digestiva importante, activa sistemas de comunicación entre el intestino y el cerebro para disminuir el deseo de comer y así enfocar energía en procesos de defensa y recuperación.
El Dr. Norman destacó que el intestino no solo participa en la digestión, sino que funciona también como un centro sensorial sofisticado. Desde allí se detectan nutrientes, químicos, inflamación y otros cambios internos que son comunicados al cerebro en tiempo real. Esa relación, conocida como el eje intestino-cerebro, integra información inmunológica, metabólica y neurológica, y ayuda a coordinar respuestas del sistema nervioso, digestivo e inmunológico.
Una de las ideas centrales discutidas en el programa fue que la pérdida de apetito puede ser una estrategia del cuerpo para detener temporalmente la entrada de más alimentos cuando ya existe un proceso infeccioso, inflamatorio o digestivo que requiere atención. En otras palabras, si el sistema está ocupado combatiendo una infección o tratando de manejar una digestión deficiente, el cuerpo puede “cerrar la puerta” a una nueva comida hasta que logre recuperar balance.
La conexión entre intestino, inflamación y conducta alimentaria
El programa explicó que varias vías participan en esta comunicación entre el intestino y el cerebro. Entre ellas se mencionaron el nervio vago, hormonas, neurotransmisores, citoquinas y metabolitos bacterianos. Todos estos elementos trabajan como mensajeros que informan al cerebro cuándo algo no está funcionando de manera adecuada en el sistema digestivo.
Según lo expuesto, algunas células especializadas del intestino detectan amenazas como parásitos o cambios inflamatorios y activan respuestas inmunológicas inmediatas. También se habló de células enterocromafines que liberan serotonina para enviar señales al sistema nervioso intestinal y al cerebro, participando así en la regulación del apetito, del movimiento intestinal y de la respuesta protectora ante posibles agresiones.
El Dr. Norman sostuvo que esta señalización no ocurre solamente durante infecciones. También puede presentarse cuando una persona come en exceso, consume alimentos pesados, altera sus horarios de comida, digiere mal por estrés o sencillamente sobrecarga al organismo con sustancias que no pudo procesar adecuadamente. En esos casos, el cuerpo también puede quitar el hambre como una forma de decir que todavía no está listo para recibir más alimentos.
En la explicación se utilizó un ejemplo sencillo: así como un área de recibo no puede aceptar nueva mercancía si todavía no ha procesado la entrega anterior, el cuerpo tampoco puede manejar eficientemente una nueva comida si la digestión previa sigue estancada. Por eso, comer sin apetito o forzarse a ingerir alimentos cuando el organismo está dando señales de pausa podría empeorar el malestar.
Parásitos, microbiota y señales del organismo
Otro punto importante del programa fue la discusión sobre parásitos intestinales, inflamación y cambios en la conducta. Se explicó que ciertos parásitos y microorganismos pueden generar sustancias que alteran la señalización intestinal, provocando desde pérdida de apetito hasta antojos por azúcares y alimentos ultraprocesados. También se discutió cómo, en algunos niños, patrones como picor en la región perianal, irritabilidad e intranquilidad podrían estar relacionados con infestaciones parasitarias.
Dentro de esa conversación, se señaló que el sistema digestivo envía constantemente retroalimentación al cerebro, y que muchas molestias aparentemente aisladas —como falta de ánimo, dolores de cabeza, dificultad para concentrarse o malestar general— podrían tener relación con procesos inflamatorios o digestivos que se originan en el intestino.
El Dr. Norman también vinculó la salud intestinal con otros problemas sistémicos como migrañas, reflujo, constipación, dolor articular, sensación de llenura, obesidad, hígado graso, sinusitis e incluso deterioro cognitivo. En la conversación se discutió cómo algunos estudios recientes han llamado la atención sobre la relación entre microbiota intestinal, inflamación y función cerebral, incluyendo observaciones sobre alteraciones bacterianas en pacientes con Alzheimer.
Respetar las señales del cuerpo
Uno de los mensajes más insistentes del programa fue que la gente debe aprender a respetar las señales del cuerpo. Si no hay hambre, especialmente durante una enfermedad, tras una digestión pesada o en medio de inflamación, el organismo podría estar intentando protegerse. Forzar la comida en ese momento, según la visión presentada en el programa, puede dificultar aún más el proceso digestivo y empeorar ciertos síntomas.
También se enfatizó la importancia de mantener horarios regulares de comida, permitir una digestión adecuada y no consumir alimentos fuera de tiempo de manera desordenada. El cuerpo, se explicó, se acostumbra a ritmos y procesos, incluyendo la producción de enzimas digestivas, y cuando esos ritmos se rompen, se pueden generar trastornos digestivos y señales incorrectas de hambre o inapetencia.
Recomendaciones finales presentadas en el programa
Hacia el cierre, el Dr. Norman compartió varias recomendaciones enfocadas en proteger la salud intestinal. Entre ellas mencionó una alimentación a base de plantas o de origen vegetal, el uso de probióticos como lactobacilos y bifidobacterias, el apoyo de enzimas digestivas y el cuidado del pH intestinal como parte de una estrategia para reducir inflamación y favorecer una mejor digestión.
El mensaje general del programa fue que el cuerpo posee mecanismos de señalización extraordinarios y que la pérdida de apetito no siempre debe ser vista como algo negativo. En muchos casos, podría ser una alerta inteligente del organismo, una pausa necesaria para recuperar equilibrio, combatir inflamación y restablecer funciones. Más que ignorar esas señales, la invitación fue a observarlas, entenderlas y atenderlas con mayor conciencia.

