El estrés no solo se siente en la mente. También puede sentirse en el estómago, en la digestión, en el sueño, en los músculos y hasta en la forma en que el cuerpo procesa los alimentos. Ese fue el tema central que presentó el Dr. Norman González durante el jueves de salud en Actívate al Mediodía por TIVA TV.
El Dr. Norman explicó que el sistema digestivo tiene un papel fundamental en la salud porque por ahí entran los nutrientes que el cuerpo necesita para producir energía, sostener las células y eliminar lo que no se utiliza. Sin embargo, cuando una persona vive bajo estrés constante, ese proceso puede alterarse.
Según explicó, bajo estrés se activa el sistema nervioso simpático, conocido como el mecanismo de “pelea o huida”. Este mecanismo puede ser útil en una emergencia, pero cuando permanece activo durante todo el día, el cuerpo sacrifica funciones importantes como la digestión. En ese estado, puede disminuir la producción de enzimas digestivas, alterarse la motilidad intestinal y dificultarse la absorción de nutrientes.
El resultado puede ser indigestión, gases, estreñimiento, diarrea, dolor abdominal, inflamación, acidez y síntomas asociados al síndrome de intestino irritable. También destacó que muchas personas no relacionan dolores musculares, tensión en el cuello, cansancio, migrañas o problemas de sueño con una digestión deficiente o con haber comido en un estado de estrés.
Uno de los puntos más importantes del segmento fue la explicación del eje intestino-cerebro. El Dr. Norman recordó que el intestino ha sido llamado “el segundo cerebro” por la gran red de nervios que contiene. Esta red participa en la motilidad intestinal, las secreciones digestivas, el flujo sanguíneo, la absorción de nutrientes y la regulación inmunológica local.
También explicó que el estrés puede favorecer inflamación de bajo grado, alterar la microbiota intestinal, afectar la barrera intestinal y modificar la comunicación entre el intestino y el cerebro. Por eso insistió en que no solo importa lo que comemos, sino también cómo, cuándo y en qué estado emocional comemos.
El Dr. Norman recomendó prestar atención a hábitos sencillos pero poderosos: comer con tranquilidad, masticar bien, evitar comer manejando o hablando por teléfono, no comer demasiado tarde, respetar los ritmos del cuerpo, dormir mejor, hacer ejercicio moderado y considerar herramientas integrativas como la respiración diafragmática, la alimentación antiinflamatoria y el manejo adecuado del estrés.
El mensaje final fue claro: llenar el estómago no significa nutrir el cuerpo. Para que los alimentos realmente se aprovechen, el cuerpo necesita estar en condiciones adecuadas para digerir, absorber y eliminar correctamente.

