52 años sin pisar la Luna, y USA insinúa invertir millones para instalar un reactor nuclear allí

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7 agosto 2025
52 años sin pisar la Luna, y USA insinúa invertir millones para instalar un reactor nuclear allí

Por: José Joe Vargas

Este 5 de agosto, la NASA anunció que intentará instalar un reactor nuclear en la Luna para sostener presencia humana, aunque hace 52 años no ha logrado llevar a ninguna persona a suelo lunar.

Si preguntamos a personas al azar cuántas veces EE. UU. ha ido a la Luna, muchos dirían que varias. Sin embargo, a diferencia de lo que se cree popularmente, la única misión tripulada que, según la NASA, logró aterrizar fue Apolo 17, el 11 de diciembre de 1972, regresando el 19 del mismo mes. Desde entonces, ningún país ha logrado otro alunizaje tripulado.

Un regreso pospuesto por fallos técnicos

Al haber transcurrido más de 50 años sin pisar la Luna, naturalmente se generan interrogantes que pretendían disiparse con el programa Artemis, planificado desde la década de 2010, con el objetivo de enviar nuevamente una nave tripulada a la Luna para finales de 2025 y lograr que el hombre pueda caminar sobre ella otra vez.

No obstante, fallos técnicos en las naves previstas para el regreso, como problemas en el escudo térmico de Orión y retrasos con Starship de SpaceX, han pospuesto la misión hasta 2027. Como dato curioso, las naves de SpaceX, pese a su tecnología avanzada, nunca han llegado a la Luna, lo que alimenta el escepticismo en algunos sectores científicos sobre la veracidad del alunizaje original.

Esto crea tensión en las organizaciones espaciales, pues si se llegase a confirmar que el primer alunizaje fue falso, implicaría que gobiernos y corporaciones colaboraron en un fraude con consecuencias económicas, científicas y educativas.

El vacío de medio siglo

A pesar de las controversias producidas por la pobre calidad del material audiovisual que se tiene del único viaje lunar, según los registros de la NASA, desde el retorno del Apolo 17 el 19 de diciembre de 1972, ninguna misión ha vuelto a transportar astronautas a la Luna, registrando una ausencia de 52 años y casi 8 meses.

A pesar de esto, EE. UU. anunció en conferencia de prensa este 5 de agosto su plan de instalar un reactor nuclear en la Luna antes de 2030. La decisión ha generado críticas no solo por los riesgos técnicos y ambiciones geopolíticas, sino por la falta de comprensión total de las leyes físicas que rigen el espacio, lo que cuestiona la responsabilidad científica de la NASA.

Competencia espacial y motivaciones geopolíticas

La iniciativa, promovida por el administrador interino Sean Duffy, refleja el interés por superar a China y Rusia. Sin embargo, ignora inconsistencias tecnológicas previas, declaraciones pasadas de la NASA y peligros reales asociados al uso de un reactor nuclear en la Luna.

A esto se suma la preocupación ética por el uso de fondos públicos en un proyecto especulativo, mientras EE. UU. enfrenta crisis internas en salud y vivienda.

Los medios informaron que bajo Duffy, la NASA recibió la orden de acelerar el desarrollo de un reactor nuclear de 100 kW, superando el plan anterior del Fission Surface Power (FSP) de 40 kW. La directiva, emitida recientemente, enfatiza que esta tecnología es crítica para una futura economía lunar y la supuesta seguridad nacional en el espacio.

Esta premura se relaciona con el temor de que China y Rusia instalen su propio reactor nuclear en la Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS), proyectada para 2033-2035. Sin embargo, la urgencia contrasta con las propias admisiones de la NASA. En 2019, el exadministrador Jim Bridenstine reveló que la agencia había perdido parte del conocimiento tecnológico de las misiones Apolo, especialmente en el diseño del Saturno V, dificultando una reanudación de alunizajes.

Obstáculos técnicos extremos

Además, el entorno lunar impone desafíos extremos:

  • Radiación: La Luna no posee atmósfera ni campo magnético, exponiendo a altos niveles de radiación. Un estudio de Science Advances (2020) reveló dosis 2.6 veces mayores que las de la EEI. La NASA aún carece de modelos sólidos para prever su impacto en sistemas electrónicos complejos como un reactor.

  • Temperaturas extremas: Las noches lunares alcanzan -173 °C y los días, hasta 127 °C. Según Nature (2019), los modelos térmicos usados por la NASA derivan de datos obsoletos. La refrigeración en vacío lunar requiere soluciones aún no validadas.

  • Regolito lunar: El polvo lunar es altamente abrasivo y cargado eléctricamente, dañando equipos. Un estudio de Acta Astronautica (2022) advierte sobre su impacto en electrónica delicada. No existen soluciones definitivas para prevenir sus efectos sobre un reactor nuclear.

Estas incertidumbres han generado críticas desde la comunidad científica. El físico espacial Dr. Daniel Baker declaró a Space.com (2023) que la NASA ha sobrestimado su capacidad para modelar entornos extraterrestres, lo que eleva los riesgos.

Riesgos operativos concretos:

  • Fallas electrónicas por radiación, sin soluciones probadas.

  • Riesgo de fusión del núcleo por fallos en la refrigeración.

  • Posible contaminación radiactiva si ocurre un accidente, según advirtió Yuri Borísov (Roscosmos).

China y Rusia con plazos más realistas

Por otro lado, el proyecto chino-ruso ILRS prevé un reactor para 2033-2035, reconociendo el tiempo necesario para superar obstáculos técnicos. En contraste, Duffy exige propuestas comerciales en solo 60 días, un plazo considerado inviable e irresponsable.

Además, la NASA afronta recortes presupuestarios, como una reducción del 50% en ciencia planetaria para 2026 (Nature, 2025), y enfrenta inestabilidad institucional tras el rechazo de Jared Isaacman y la designación interina de Duffy, lo que cuestiona la continuidad de este proyecto.

El dilema ético y financiero

Desde el punto de vista ético, el desvío de fondos es polémico. Con 25 mil millones de dólares anuales asignados a la NASA, muchos cuestionan invertir en un reactor lunar mientras 27 millones de ciudadanos no tienen seguro médico (Censo 2023) y más de 650,000 personas viven sin hogar (HUD, 2024).

El discurso sobre una “economía lunar” y “seguridad nacional en el espacio” se enfrenta con la necesidad de resolver crisis reales. El dinero público debe priorizarse en salud, vivienda y educación antes que en misiones con vacíos científicos y motivaciones geopolíticas dudosas.

Conclusión

La pérdida de conocimientos técnicos de las misiones Apolo, admitida por la propia NASA, junto con los retrasos en el programa Artemis, evidencia una desconexión entre las promesas de la agencia y la capacidad real de crear un reactor en condiciones que, por los datos provistos, científicos ven inviables.

La NASA debería priorizar el conocimiento científico y la cooperación internacional, mientras que organizaciones y grupos deberían enfocarse en la investigación y fiscalización de los fondos destinados a la agencia, verificando si realmente se utilizan en los proyectos anunciados o si se desvían.

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