Alegado plan energético de Trump para Puerto Rico buscaria transformar la red eléctrica con energía nuclear y probable explotación de recursos naturales
Por José «Joe» Vargas
Hoy, Trump despide a otro miembro más de la junta de Control Fiscal, ahora le tocó el turno a Andrew Biggs, alcanzando a 6 despidos, movimiento que pudiera demostrar un interés del Presidente por la administración de la Isla. Este anuncio sucede luego de rumores sobre una ambiciosa estrategia energética para revitalizar la red eléctrica de Puerto Rico, con el objetivo de modernizarla y fomentar el desarrollo económico, por parte de la administración Trump. Sin embargo, comentan allegados al gobierno que este plan podría ir acompañado de la explotación de recursos naturales de la isla, lo que genera preocupación por su posible impacto ambiental.
Cada uno de los recientes cambios, han sucedido luego de que figuras claves cercanas al Presidente, postearan en la red social X, los cambios y planes para Puerto Rico como buenas ideas a seguir. Siguiendo este patrón de confirmación, Justin Peterson, exmiembro designado por Trump en la Junta de Supervisión y Administración Financiera (FOMB), comenta sobre la propuesta que busca resolver la prolongada quiebra de la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico (PREPA) y poner fin a la supervisión de la junta. Lo que pudiera lograr sacar a LUMA de la administración del servicio eléctrico, lo que es visto como algo positivo por muchos sectores del pais. No obstante, diversos sectores advierten que el plan podría implicar un uso intensivo de los recursos naturales, con riesgos de daños significativos a los ecosistemas por el proceso de extracción y de comprometer la sostenibilidad a largo plazo.
La supuesta estrategia contempla la privatización de la red eléctrica, cuya reconstrucción estaría a cargo de empresas privadas, priorizando el uso de gas natural y energía nuclear de origen estadounidense. Esto desplazaría las fuentes renovables como la eólica y la solar, dejando fuera también alternativas como el hidrógeno como fuente energética generado a partir de agua, que se considera como una alternativa más económica y limpia, pero que no se incluiría por no generar la misma rentabilidad para los sectores vinculados al gas, petróleo y materiales nucleares, que son fuentes energéticas monopolizadas por Corporaciones con que la política pública actual, está haciendo negocios.
Se alega que el plan incentivaría la relocalización de manufactura en Puerto Rico mediante políticas comerciales favorables, supuestos bajos impuestos federales y la negociación de un acuerdo equitativo con los acreedores para resolver la quiebra de PREPA. En su más reciente alocución, Trump enfatizó la urgencia de reestructurar el sistema eléctrico en tiempo récord para atraer empresas estadounidenses actualmente instaladas en países como China, India, Corea del Sur e Indonesia. A cambio de incentivos fiscales, estas compañías se comprometerían a generar miles de empleos, con el objetivo de convertir a Puerto Rico en un “paraíso industrial” que superaría los beneficios económicos de las antiguas disposiciones de la Sección 936.
Publicaciones en X y análisis de su política energética sugieren que la visión de Trump incluye la exploración intensiva de las reservas de petróleo y gas natural de la isla, con posibles ganancias compartidas entre Estados Unidos y Puerto Rico para impulsar el desarrollo económico y cubrir el pago de la deuda. Esto ha despertado preocupación por un posible aumento del fracking con el propósito de extraer petróleo localmente.
La supuesta iniciativa se alinea con el Consejo Nacional de Dominación Energética, establecido mediante una Orden Ejecutiva en febrero de 2025, que busca agilizar las aprobaciones de infraestructura energética, como gasoductos, en regiones como Puerto Rico. Sin embargo, expertos advierten que la explotación de recursos a la escala planteada podría causar un daño ecológico irreparable, incluyendo la destrucción de hábitats naturales, la contaminación de fuentes de agua y la pérdida de biodiversidad en una isla ya vulnerable al cambio climático, poniendo en riesgo la salud de las familias.
El enfoque de Trump parece estar guiado por dos objetivos principales: fortalecer la economía de Puerto Rico mediante energía confiable y asequible, y posicionar a la isla como un centro industrial atractivo para empresas globales. Un propósito que, si se ejecuta evitando acciones que provoquen daños ambientales —en particular la explotación intensiva de recursos—, podría ser una solución para la economía en general. Sin embargo, persiste la inquietud de que un proyecto que incluya un reactor nuclear, de concretarse, comprometería de forma irreversible el futuro ecológico y la calidad de vida en la isla.

