VENEZUELA: EL CIELO SE ENCENDIÓ ANTES DEL DOBLE TERREMOTO — ¿FALLA NATURAL O HUELLA DE TECNOLOGÍA MILITAR?

VENEZUELA: EL CIELO SE ENCENDIÓ ANTES DEL DOBLE TERREMOTO — ¿FALLA NATURAL O HUELLA DE TECNOLOGÍA MILITAR?

VENEZUELA: EL CIELO SE ENCENDIÓ ANTES DEL DOBLE TERREMOTO — ¿FALLA NATURAL O HUELLA DE TECNOLOGÍA MILITAR?

Por: Jesús Rodríguez García

QNSD² / Tiva TV

La naturaleza podrá cargar con la culpa inicial, pero el poder siempre aparece para administrar las ruinas. Y cuando antes de la ruina hay señales eléctricas en el cielo, tecnologías militares documentadas, simulacros previos, patentes, tratados internacionales y agendas de reconstrucción, el Pueblo no tiene por qué tragarse la explicación fácil.

El doble terremoto que sacudió a Venezuela el 24 de junio de 2026 no debe ser despachado con una frase cómoda. No basta decir “fue la falla”. No basta decir “fue natural”. No basta decir “Dios quiso”. La fe merece respeto. La ciencia merece datos. Pero el poder merece sospecha.

Y aquí hay suficientes piezas como para no cerrar el expediente.

Dos golpes casi juntos: el dato que abre la sospecha

El sistema internacional de alertas de desastres registró el evento mayor de Venezuela el 24 de junio de 2026 a las 22:05 del tiempo universal coordinado, es decir, 6:05 de la tarde, hora de Venezuela, con magnitud 7.5, profundidad de 10 kilómetros y coordenadas cercanas a 10.453 de latitud y -68.5139 de longitud.

Pero el dato más inquietante es otro: medios internacionales reportaron dos terremotos potentes, de magnitud 7.2 y 7.5, separados por apenas 39 segundos.

La sismología conoce eventos dobles. Se les llama “dobletes sísmicos”. En palabras sencillas: un primer terremoto puede alterar la presión sobre otra falla o sobre otro segmento de la misma falla y provocar otro movimiento casi inmediato. Eso puede ocurrir.

Pero aquí no estamos ante una clase escolar. Estamos ante un país destruido, un cielo que se encendió antes, destellos rojos entre nubes, videos con suelo seco, un simulacro extranjero un mes antes y un historial militar de modificación ambiental.

Entonces la pregunta no es si la explicación de doblete existe. La pregunta es: ¿esa explicación basta para cerrar el caso?

Nuestra respuesta es no.

Antes del golpe, el cielo ya estaba activo

Como parte de esta investigación para Que no se diga que no se dijo! QNSD², procesamos datos del satélite ambiental geoestacionario operacional número diecinueve, un satélite que observa el continente americano desde el espacio. Ese satélite tiene un instrumento llamado mapeador geoestacionario de relámpagos.

Ese instrumento no “opina”. Registra descargas eléctricas en la atmósfera. En lenguaje común: detecta relámpagos desde el espacio.

Analizamos la ventana entre las 21:00 y las 23:30 del tiempo universal coordinado, equivalente aproximadamente a 5:00 de la tarde a 7:30 de la noche en Venezuela. En ese periodo, se filtraron 4,771 descargas eléctricas en las zonas de interés.

Lo más importante es el orden de los hechos.

De esas descargas, 3,063 ocurrieron antes del evento principal. El pico más fuerte ocurrió entre las 21:20 y 21:30 del tiempo universal coordinado, es decir, entre 5:20 y 5:30 de la tarde en Venezuela, unos 35 a 45 minutos antes del terremoto principal. En ese tramo de diez minutos se registraron 662 descargas eléctricas.

Cuando comparamos el 24 de junio con los días cercanos, del 20 al 26 de junio, en la misma ventana horaria, el 24 fue el día más eléctrico. Tuvo más descargas totales, más descargas cerca del corredor sísmico, más descargas dentro de 100, 150 y 200 kilómetros del epicentro, y la mayor concentración de descargas en diez minutos.

Ese dato no prueba intervención humana. Pero impide tratar la sospecha como un disparate.

Antes de que la tierra se moviera, el cielo ya estaba dando señales.

¿Tormenta común? No tan rápido

La explicación rápida sería decir: “había tormentas”. Y sí, parte del sistema tenía lluvia. No vamos a esconderlo.

Cruzamos las descargas con datos de precipitación del sistema satelital internacional de medición de lluvia. Ese sistema estima lluvia en el planeta a partir de satélites. Para el bloque previo al terremoto, encontramos que muchas descargas ocurrieron con lluvia moderada o fuerte. Entre los 25 relámpagos más cercanos al epicentro, 24 tenían lluvia moderada o fuerte.

Eso significa que una parte del fenómeno eléctrico sí tenía soporte meteorológico.

Pero esa no es toda la historia.

Porque también revisamos videos del momento. En un primer lote de 17 videos públicos, no se observó lluvia visible en ninguno de los cuadros revisados. En 9 de 17 se observó suelo seco. En otros no había suficiente superficie visible para evaluar. Revisamos manualmente el material y se observó suelo seco en todos los videos estudiados.

Varios videos muestran calles secas, polvo, humo o escombros. No muestran aguacero.

Esto no contradice automáticamente al satélite. Un satélite mide una celda amplia; una cámara muestra una calle específica. Puede llover a varios kilómetros y estar seco frente a una cámara. Precisamente por eso el dato es importante. No se puede usar la palabra “tormenta” como una sábana para tapar todo el mapa.

Hicimos cruces exploratorios con puntos hipotéticos en Caracas y Naiguatá. En ambos, el satélite marcó condiciones secas o no convectivas: 0.0 milímetros por hora de lluvia, lectura térmica cálida y ausencia de nube profunda sobre el punto analizado.

En palabras sencillas: los videos secos no necesariamente contradicen al satélite. En algunos puntos, el propio satélite también sugiere condiciones secas.

Entonces la pregunta cambia: ¿por qué hubo un gran pulso eléctrico antes del terremoto, si la lluvia y la tormenta no cubrían uniformemente las zonas donde la gente grababa el evento?

Los destellos rojos: no todo puede despacharse como transformador

Uno de los videos más importantes muestra destellos rojos. Lo revisamos cuadro por cuadro. La observación técnica fue clara: el brillo aparece en el cielo, en una capa de nubes, bruma u horizonte. No se observa una conexión clara con postes, cables, torres, edificios o transformadores.

Eso cambia el análisis.

No es lo mismo un transformador explotando en una esquina que un resplandor rojo entre nubes.

La causa sigue indeterminada. Puede ser descarga entre nubes. Puede ser saturación de la cámara. Puede ser una descarga atmosférica ordinaria. Puede ser un fenómeno luminoso asociado al terremoto. Puede ser actividad eléctrica no ordinaria. Y también debe quedar sobre la mesa la posibilidad de actividad ionosférica o electromagnética inducida.

La posición oficial predominante suele ridiculizar este tipo de preguntas. Pero la propia ciencia reconoce reportes de “luces de terremoto”: resplandores, bolas de luz, destellos, luces difusas o relámpagos tipo sábana cerca del momento o del área de un terremoto. La agencia geológica de Estados Unidos reconoce que el fenómeno existe como reporte, aunque advierte que algunos casos han resultado ser arcos eléctricos de infraestructura sacudida por el sismo.

Pero en este video, el destello no aparece a nivel de infraestructura. Aparece en el cielo.

Y cuando algo aparece en el cielo antes o alrededor de un terremoto, no se le pone mordaza al Pueblo. Se investiga.

La ionosfera: el cielo eléctrico que los militares han querido tocar

Aquí entra una palabra que mucha gente no usa todos los días: ionosfera.

La ionosfera es una capa alta de la atmósfera cargada eléctricamente. Allí rebotan señales de radio. Allí ocurren fenómenos eléctricos. Allí interactúan partículas solares, campos magnéticos y ondas electromagnéticas.

Desde hace décadas existen tecnologías diseñadas para estudiar y alterar pequeñas regiones de esa capa. Una de las más conocidas es el Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia, una instalación en Alaska que usa un transmisor de alta potencia para excitar una parte limitada de la ionosfera y estudiar su comportamiento.

Traducido al español del Pueblo: es una instalación capaz de enviar energía de radio hacia arriba para mover o alterar temporalmente una zona del cielo eléctrico.

No estamos diciendo que esa instalación causó el terremoto de Venezuela. Estamos diciendo que el tipo de tecnología existe.

También existe la patente de Bernard Eastlund, titulada como un método y aparato para alterar una región de la atmósfera, la ionosfera o la magnetosfera. Esa patente habla de usar radiación electromagnética transmitida desde la superficie terrestre para aumentar energía y densidad de partículas cargadas en una región superior.

Una patente no prueba uso. Pero sí prueba intención tecnológica, lenguaje técnico y dirección de investigación.

Y Puerto Rico no está fuera de este mapa. En el Observatorio de Arecibo se realizaron experimentos de calentamiento ionosférico. Literatura científica documenta que se usaron ondas de alta frecuencia para crear conductos en la ionosfera, mientras ondas de muy baja frecuencia eran lanzadas desde un transmisor naval en Aguada, Puerto Rico. En lenguaje simple: se alteraba una parte del cielo eléctrico para facilitar el viaje de señales electromagnéticas.

Eso no es fantasía de redes. Eso está en literatura científica.

Entonces, cuando aparecen descargas eléctricas antes de un doble terremoto, destellos rojos entre nubes y un pulso eléctrico medible desde satélite, no se puede decir simplemente: “no miren ahí”.

Tenemos que mirar ahí.

La modificación ambiental militar no es cuento

El uso militar del ambiente tampoco es invención.

Durante la guerra de Vietnam, Estados Unidos usó siembra de nubes para aumentar lluvia en zonas de interés militar. Ese programa fue conocido como Proyecto Popeye. Su objetivo era dificultar el movimiento enemigo, afectar caminos y reforzar obstáculos naturales.

Es decir: la meteorología fue usada como herramienta de guerra.

Más tarde, la comunidad internacional aprobó la Convención sobre la prohibición de utilizar técnicas de modificación ambiental con fines militares u hostiles. Este tratado prohíbe usar la modificación del ambiente como arma cuando tenga efectos amplios, duraderos o severos.

Ese tratado no nació para prohibir cuentos de camino. Sus entendidos mencionan fenómenos como terremotos, tsunamis y alteraciones del clima. No prueba que exista un botón para crear terremotos. Pero sí prueba que los Estados discutieron la modificación ambiental como una amenaza seria.

Nadie convoca al mundo para prohibir lo que considera imposible.

El documento de los años setenta: lo imaginaron hace medio siglo

También existe documentación oficial de los años setenta donde se evaluaban los posibles aspectos militares de la modificación ambiental y geofísica. En ese momento se decía que no había capacidad controlada para inducir terremotos o tsunamis de forma útil.

Pero esa frase no cierra el caso. Lo abre.

Porque han pasado más de cincuenta años.

Si en los años setenta ya estaban pensando en modificación terrestre, atmosférica, oceánica e ionosférica, la pregunta correcta no es si eso se discutió. La pregunta correcta es: ¿cuánto avanzaron desde entonces?

En cinco décadas, pasamos de teléfonos fijos a teléfonos inteligentes, de mapas de papel a satélites, de televisión análoga a inteligencia artificial. ¿Vamos a creer que la ciencia militar se quedó congelada en los años setenta?

No afirmamos que ya lo lograron. Pero sería ingenuo creer que dejaron de intentarlo.

El simulacro en la embajada: otra coincidencia incómoda

Un mes antes del doble terremoto, Estados Unidos realizó un ejercicio de evacuación en su embajada en Caracas, con aeronaves militares. La justificación pública fue prepararse para emergencias médicas o contingencias catastróficas.

Un simulacro no prueba culpa. Los gobiernos hacen simulacros. Pero cuando miramos otros patrones, la pregunta se vuelve legítima.

Antes de la crisis del coronavirus hubo ejercicios de pandemia. Antes del brote internacional de viruela del mono hubo un ejercicio hipotético que luego llamó la atención por su parecido temporal con la realidad. Las organizaciones han dado explicaciones. Eso debe reconocerse. Pero el Pueblo no tiene que tragarse cada coincidencia como si fuera azúcar.

Cuando el poder ensaya una catástrofe antes de que ocurra, el Pueblo tiene derecho a preguntar: ¿era preparación, predicción, conocimiento privilegiado o algo más?

El subsuelo petrolero también entra al expediente

Hay otro ángulo que no podemos ignorar: la actividad petrolera.

Reportes internacionales señalaron que la producción en la Faja del Orinoco subió en 2026 a más de 500,000 barriles diarios. Producción petrolera no significa automáticamente terremoto. Pero en otros lugares se ha documentado que la inyección de fluidos en el subsuelo puede inducir sismos.

Esto es importante. No se trata solo de sacar petróleo. Se trata de qué se inyecta, qué se reinyecta, a qué profundidad, con qué presión, cerca de qué fallas y en qué momento.

Oklahoma, en Estados Unidos, es un ejemplo conocido donde la actividad de fluidos en el subsuelo fue vinculada a sismicidad inducida. Entonces, ¿por qué Venezuela debe quedar fuera de esa pregunta?

La pregunta no es “¿el petróleo causa terremotos?” La pregunta es más seria: ¿la extracción, reinyección o presión industrial sobre un subsuelo ya cargado pudo ayudar a disparar una falla?

No lo sabemos. Pero alguien tiene que investigarlo.

Neutrinos: no para mover la tierra, sí para mirar debajo de ella

También revisamos el ángulo de los neutrinos. Los neutrinos son partículas subatómicas que casi no interactúan con la materia. Atraviesan la Tierra con muy poca resistencia. Por eso no parecen una herramienta plausible para provocar terremotos.

Pero sí son de interés militar y científico para detectar reactores nucleares, materiales nucleares, submarinos nucleares y procesos profundos. La Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa de Estados Unidos tiene un programa para desarrollar sensores de neutrinos con el objetivo de detectar reactores y materiales nucleares.

Ese ángulo no explica el terremoto. Pero revela otra cosa: la ambición militar de mirar debajo de la superficie, incluso donde nadie más puede ver.

Y eso también forma parte del mismo mapa mental: observar, intervenir, controlar.

La reconstrucción nunca es neutral

Luego de la catástrofe llega la reconstrucción. Y ahí siempre aparecen contratos, organismos internacionales, financiamiento, ayuda, control territorial, infraestructura nueva, desplazamientos y decisiones tomadas en nombre de la emergencia.

Eso no prueba que la catástrofe haya sido provocada. Pero sí obliga a preguntar quién gana después.

Porque el desastre puede tumbar edificios. Pero la reconstrucción decide quién se queda, quién se va, quién cobra, quién manda y qué agenda avanza.

Cuando una tragedia coincide con planes previos de modernización, intereses petroleros, presencia extranjera, simulacros y tecnología militar existente, no se puede mirar solo el suelo agrietado. Hay que mirar también la mesa donde se reparten las ruinas.

Lo que sí sabemos y lo que todavía falta

Sabemos que hubo dos terremotos fuertes separados por 39 segundos.

Sabemos que antes del evento principal hubo un pulso eléctrico fuerte, medido por satélite.

Sabemos que el 24 de junio fue el día con mayor actividad eléctrica frente a los días cercanos analizados.

Sabemos que parte de esas descargas sí coincidió con lluvia.

Sabemos que múltiples videos revisados no muestran lluvia visible y que varios muestran suelo seco.

Sabemos que un video de destellos rojos muestra el fenómeno en cielo o nubes, sin conexión clara con infraestructura terrestre.

Sabemos que existen tecnologías para estudiar y alterar la ionosfera.

Sabemos que la modificación ambiental con fines militares tiene antecedentes históricos.

Sabemos que existe un tratado internacional contra el uso hostil de técnicas de modificación ambiental.

Sabemos que hubo un simulacro de evacuación en la embajada estadounidense en Caracas un mes antes.

Sabemos que hay intereses petroleros, geopolíticos y de reconstrucción alrededor del desastre.

Lo que no sabemos todavía es quién, si alguien, intervino; qué tecnología, si alguna, pudo usarse; y si el doblete fue completamente geológico o si recibió algún tipo de empuje humano.

Pero precisamente porque no lo sabemos, no debemos callar.

No cerrar el caso

La posición oficial predominante querrá reducir todo a una frase: “fue natural”.

Otros lo reducirán a “castigo de Dios”.

Nosotros decimos: no tan rápido.

No se trata de negar la geología. Se trata de no usar la geología como cortina para ocultar tecnología, intereses, historia militar y señales eléctricas.

No se trata de afirmar sin prueba. Se trata de no permitir que se cierre la investigación antes de mirar todos los ángulos.

Porque si el cielo se encendió antes del terremoto, si hubo dos golpes en 39 segundos, si aparecieron destellos rojos entre nubes, si las cámaras mostraron suelo seco, si existen tecnologías de intervención ionosférica, si la modificación ambiental ya fue usada como herramienta militar, si un tratado internacional contempla estos escenarios, si hubo un simulacro por contingencias catastróficas un mes antes, entonces la pregunta no es conspirativa.

La pregunta es inevitable.

¿Qué ocurrió realmente en Venezuela?

Y hasta que esa pregunta sea contestada con datos completos, no con etiquetas tranquilizadoras, el expediente debe seguir abierto.

Porque en Que no se diga que no se dijo! QNSD², no estamos aquí para repetir lo que el poder quiere que el Pueblo crea.

Estamos aquí para hacer la pregunta que incomoda:

¿Y si no fue solamente la tierra?

Referencias base para verificación

El registro del evento mayor de magnitud 7.5, su hora de 22:05 del tiempo universal coordinado y 6:05 de la tarde local, profundidad de 10 kilómetros y coordenadas del epicentro provienen del Sistema Global de Alerta y Coordinación de Desastres. (gdacs.org)

Reuters reportó el doble terremoto de magnitudes 7.2 y 7.5 separado por 39 segundos. (Reuters)

La instalación de Alaska conocida como Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia se describe oficialmente como un instrumento de investigación ionosférica capaz de excitar temporalmente una región limitada de la ionosfera. (Haarp)

La patente de Bernard Eastlund describe un método y aparato para alterar regiones de la atmósfera, la ionosfera o la magnetosfera mediante radiación electromagnética. (patents.google.com)

El antecedente histórico de uso militar de siembra de nubes durante la guerra de Vietnam, conocido como Proyecto Popeye, aparece en documentos del Departamento de Estado de Estados Unidos. (Historia del Estado)

La Convención sobre la prohibición del uso militar u hostil de técnicas de modificación ambiental fue adoptada para limitar el uso de técnicas capaces de afectar procesos naturales con fines hostiles. (treaties.un.org)

Los experimentos de Arecibo con calentamiento ionosférico y ondas de muy baja frecuencia lanzadas desde el transmisor naval de Aguada, Puerto Rico, aparecen documentados en literatura científica sobre ondas whistler. (MDPI)

La agencia geológica de Estados Unidos reconoce reportes de luces de terremoto, incluyendo resplandores, bolas de luz, destellos y relámpagos tipo sábana, aunque advierte que algunos casos pueden explicarse por arcos eléctricos de infraestructura sacudida. (usgs.gov)venezuela

https://tivatv.com/timetable/event/qnsd2-que-no-se-diga-que-no-se-dijo-programa-investigacion-tivatv

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